miércoles, 22 de agosto de 2007

OTRA RUTA DE TANTAS

El otro día, al llegar de trabajar, decidí ponerme las deportivas, coger el camel y los bastones y “echarme al monte”. Mi destino era lo de menos, lo importante era no quedarse en casa y disfrutar de las tardes de verano.

Son situaciones extrañas: no puedes quedar con nadie, pero no quieres quedarte en casa. Adonde ir? Ni idea, pero sea donde sea, tiene que ser ya, que se notan las tardes de agosto. Decido subir al Estepal y luego,… ya veré.

Tomo la cañada de la Soledad que sale del pueblo desde el Ejidillo y poco a poco voy recordando que estamos en agosto: me sobra todo. Atravieso Suertes Nuevas y paso por debajo de la nacional VI por el paso reestrenado tras la piscina primaveral. La verdad es que la sombra se agradece. Cuando llego al cruce tras pasar un río de arena en lo que en invierno es un caudaloso arroyo (La Pililla), tiro a la derecha por la pista de la cañada de Lucas Gómez (desconozco el origen de dicho nombre) que me trae muy buenos recuerdos de cuando la bajamos con las bicicletas. Al llegar al pie del Estepal siento un tractor, y una nube de polvo se me pasa por la imaginación: estoy en el campo. Corono el altillo y veo que el tractor está cuidando unos toros bravos. Es impresionante ver como un animal como éste resulta tan “dócil” en su terreno. Es un animal precioso, pero a distancia.

Decido cambiar la ruta. Es la ventaja de ir solo, vas donde quieres. No estoy tan loco como parece. Ahora con los móviles y con los walkies en frecuencia acordada, no te dejan “a solas”.

Una imagen se me pasa por la cabeza: Cabeza Reina. Por que no? En este momento mi GPS mental empieza a calcular las rutas posibles con distancias, tiempos estimados…. Mientras ando y calculo, disfruto de la tranquilidad del Estepal por su vertiente norte. Veo por donde están diversos yacimientos y restos mineros mientras mi mente aparca el GPS e imagina como sería el cerro hace “taitantos” años, cuando la minería era una forma de vida para mucha gente.

Mientras bajo hacia la carretera de Segovia, me pongo en paralelo con la autopista AP6 y abandono la cañada para bajar en dirección al peaje de San Rafael. Se acabó la tranquilidad. Al llegar a la nacional de Segovia, la atravieso y subo por la antigua cañada hacia La Estación. Mi sorpresa cuando al entrar al puente me encuentro un endrino plagadito de frutos. Menudos “patxaranes” me tomaría con ellos.

Llego a la estación y atravieso las vías “alomecagüen” para tomar la subida hacia las Asperillas. Subo como si fuera a la capilla del Corazón de Jesús por la senda del tío Cheli, pero reprogramo el GPS. Otro día vuelvo a la capilla. Retomo la pista hacia los Navazos (ó cuatro caminos, como dices cuando quedas con gente de fuera). Cuando “corono” a las navas por la calle de luz, tomo el sendero de la derecha para refrescarme en la fuente de los Navazos. Que agua, esto resucita a un muerto!! Me dirijo a la imagen de la Virgen que se colocó en agosto de 1996 en la primera marcha al Arcipreste que se organiza anualmente desde La Estación. Algo se mueve: un jabalí. Trato de hacerle una foto en plan safari, pero tengo el aire contra mis intenciones. Otra vez será.

Atardece más rápido de lo que pensaba, por lo que decido no subir a Cabeza Reina. Por lo tanto, continúo en dirección a San Rafael desde la Majada Alta.

A veces me nombro aficionado a la fotografía. Pero el hecho de que me quedara sin pilas en la cámara que hace meses secuestré a Pedro, me hace replantearme este aspecto. Paso por la fuente y en un momento llego al apeadero de San Rafael. Todo esto tirando ya de bastones en plan marcha nórdica para tratar de llegar a Los Pastores con algo de luz.

Efectivamente, atravieso San Rafael y tomo la vereda de Los Pastores. El sol molesta al encontrarse tan bajo, pero es una sensación muy agradable. Llego a la fábrica de madera y retomo el tramo que se ha asfaltado recientemente para acceder al punto limpio. Se acabó lo bueno. A partir de aquí, se cierra el recorrido ya que llegas a la piscina cubierta y continuas por la cañada en dirección al punto de partida desde el Ejidillo.

Es un recorrido de unas tres horas que puedes hacer muy tranquilo. Pasas por casi todos los tipos de bosques que hay en el municipio y puedes disfrutar de su fauna si vas en silencio y si se dejan, claro. Los olores cambian tan rápido como avanzas. Es un cúmulo de sensaciones que hacen que tu cuerpo se reactive. Estoy convencido de que esto da años de vida.
Te propongo que hagas lo mismo. Ponte calzado cómodo y un mínimo de equipamiento, y déjate llevar por tus sensaciones. Ya verás como disfrutas desde otro punto de vista. Si a esto lo unes que cada vez que llegas a un núcleo te encuentras con viejos amigos, ya lo bordas. Ya me lo contarás. Y no he hecho ninguna de las rutas “comerciales” que hay en la sierra.
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