martes, 22 de enero de 2008

Graellsia Isabellae. Ruta por Pinares Llanos

Allá por 1837, al entomólogo Mariano de Paz Graells, le había comentado su colega, el profesor de Física Juan Mieg, un bulo que corría por la región, según el cual volaba por los pinares del Guadarrama una mariposa oriunda de Norteamérica, la Actias Luna, introducida de quién sabe que oscura manera en la sierra castellana.

Durante 11 largos años la buscó de manera infructuosa. Fueron 11 temporadas de extraordinarias correrías entomológicas en busca de algo que, al bueno de don Mariano, terminó por antojársele como un fantasma.

Era uno de los últimos días del verano de 1848, cuando Graells, cansado de su caminata, que en aquella jornada le había llevado hasta los entonces remotos Pinares Llanos de Peguerinos, se sentó a la sombra de un árbol. Caía la tarde, cuando el perrillo que siempre le acompañaba en sus correrías comenzó a ladrar con insistencia. Alertado, nuestro hombre se puso en pie para averiguar qué es lo que ponía nervioso al animal. Cuando llegó hasta él, descubrió sobre un tocón a una formidable mariposa jamás vista hasta entonces. Por fin la había descubierto. Pronto se dio cuenta Graells de que no se trataba del referido insecto americano, sino de una mariposa desconocida; nueva para la ciencia. De inmediato la describió, catalogó y comunicó al mundo tan feliz descubrimiento, dedicándoselo de paso a la Reina Isabel II de España, tal y como puede leerse en sus escritos: «Al augusto nombre de S.M. la Reina Doña Isabel II dedico esta magnifica Saturnia, único representante en Europa de la sección a la que pertenecen la Diana, Luna, Selena, Isis y otras divinidades menos positivas que la nuestra».

Se trataba de un formidable hallazgo. Graells había descubierto al que es considerado el lepidóptero más espectacular y hermoso del continente. No contento con ello, preparó un bello ejemplar, enviándoselo a la reina. Ésta, en señal de reconocimiento, lució aquella bella joya prendida de su pecho en un baile de palacio.
Como era de esperar se establecieron algunas dudas sobre la mariposa e incluso ciertos sectores consideraron que era una simple «invención» de Graells, quien la habría traído de alguna de sus expediciones por el Tercer Mundo. Medio siglo después de aquello, se determinó que la mariposa no pertenecía a la familia de las Saturnia, sino que, por sus exclusivas características, precisaba de un lugar propio dentro de la clasificación animal. A propuesta de un entomólogo norteamericano, fue denominada Graellsia Isabelae, en justo homenaje a su descubridor, nombre con la que se conoce a la que es considerada reina de las mariposas de Europa.

Es una mariposa difícil de ver, ya que vuela a partir del crepúsculo hasta el amanecer, y es durante la primavera (principalmente en mayo) cuando emergen del capullo.

Preparando rutas para el fin de semana, nos topamos con la existencia de una placa inaugurada en 1973 y de unos 2 metros de ancho por 1 de alto, esculpida en bronce y situada en Pinares Llanos (Peguerinos) que representa una “Graellsia” desplegando todos sus encantos. Por ello, el pasado domingo, nos propusimos encontrarla (tarea harto difícil conociéndonos, porque siempre terminamos en el sitio menos pensado).

El día amaneció estupendo. El cielo estaba totalmente azul y la temperatura invitaba a disfrutar de un día casi primaveral... ¡¡¡¡En el mes de enero!!!. Salimos Txema y yo de El Espinar sobre las 09:45, y llegamos a Peguerinos por la carretera que parte desde el Alto del León. Las vistas desde allí, son espectaculares. Tras baches varios y algo de hielo en la zona de la umbría nos fuimos adentrando en un pinar tremendamente cuidado y con unas zonas recreativas envidiables. Sobre las 10:30 llegamos a la Plaza de Peguerinos, donde nos estaban esperando Carlos, Nuria y Alfonso. Tras el desayuno de rigor para coger fuerzas, plantear la ruta y esperar a que se incorporara el último componente del grupo Javi, aparcamos los coches al lado del pantano de La Aceña, cerca del cementerio, donde comenzamos la ruta.
Seguimos un camino asfaltado que rodea el pantano, para coger una pista forestal de tierra cruzando el arroyo de Navalacuerda (más bien autopista por sus dimensiones) que ascendía suavemente hasta llegar al albergue de la Casa de la Cueva, al pie de la Carretera de El Escorial, donde llegamos aproximadamente sobre las 13:00. Como el desayuno de la mañana había sido escaso (un cola-cao o un vaso de café), nuestros estómagos estaban ya protestando (por lo menos el mío) por lo que buscamos el senderocamino que debíamos seguir, que parte de la carretera asfaltada de El Escorial donde encontramos un estupendo lanchar que nos sirvió de mesa y asientos para degustar las viandas que cada uno llevábamos. Para mí es el mejor momento de la excursión. ¡No sé porqué la comida en el campo sabe tan buena!. Entre tortilla, fiambre variado, salchichas, bombones y hasta turrón discurrió esta comida “disociada” tan placentera. Daba pena levantarse de allí, y más con el estómago lleno y el solecito dándonos de pleno. Pero debíamos conseguir nuestro propósito: encontrar la placa de la mariposa.

Txema iba siguiendo el mapa 1:50000 que llevábamos, donde estaba marcado el lugar aproximado en el que se encontraba la placa mientras los demás íbamos “cotorreando”. Seguimos varios senderos por un pinar llano, algo curioso para mi acostumbrada a las pendientes de los pinares espinariegos. Ahora entiendo los comentarios de mucha gente acerca de la peligrosidad de los pinares de Peguerinos. Al ser llanos, es sencillo desorientarte y perderte. Llegamos a una pradera y seguimos un camino que giraba a la derecha. Debíamos estar cerca, pero las indicaciones que llevábamos no eran demasiado precisas. Sabíamos que la placa estaba adherida a una piedra, en un pequeño altozano, pero estábamos rodeados de piedras por todos lados. Cada uno buscaba por un lado y tuve la fortuna de ser yo quien la encontrara (¡¡para no verlo por las dimensiones!!). Después de las fotos de rigor tras el hallazgo, que por esta vez habíamos logrado a la primera, emprendimos el regreso de nuevo hacia el punto en el que habíamos dejado los coches. Sobre las 5 estábamos de nuevo en la plaza del pueblo tomando un refresco y preparando la siguiente excursión.
Silvia
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